Hubo un tiempo en que Can Vidalet era el mejor barrio: tiendas, bares y vecinos orgullosos de pasear por unas calles llenas de vida. Hoy, ese paraÃso se ha convertido en un infierno: okupación, mafias, mercadillos ilegales, incivismo, robos, multirreincidentes, miedo y coches con los cristales reventados forman parte del paisaje habitual.
Y al caer la noche, el guion empeora: ruidos, peleas, inseguridad y bares que han mutado en locales con clientes que no respetan nuestras costumbres, donde la música atruena hasta la madrugada y el descanso de los vecinos importa poco o nada. ¿Ejemplos? Bares en la calle Menta, Molà y Pere Pelegrà que, con licencia de cafeterÃa, hacen de todo… menos vender café.
Los vecinos alzan la voz una y otra vez, los bares acumulan cientos de quejas y el Ayuntamiento, como siempre, inoperante.
Aquà la única norma que se cumple es la de la impunidad: inseguridad creciente y vecinos condenados no solo a sufrir, sino a marcharse de su propio barrio. Hoy, Can Vidalet es la imagen viva de un barrio que se apaga, condenado a perder el alma que lo hizo grande.
Hubo un tiempo en que los vecinos eran abanderados de las luchas sociales, pioneros en reclamar infraestructuras y mejores servicios. Hoy, esa lucha vecinal se ha reducido a exigir lo más básico: poder dormir por las noches y caminar seguros por el dÃa. Más de cuarenta años de socialismo en Esplugues y un bipartidismo que ha tolerado una inmigración ilegal y masiva han abandonado a los vecinos. Frente a esa dejadez, VOX dice basta: vamos a devolver la seguridad, la dignidad y el orgullo a nuestros barrios.


